- A lo largo de sus casi 150 años de historia, el local cambió de manos y nombres, pero siempre mantuvo su esencia. Fue protegido en el Plan General de Urbanismo de 1983.
Valladolid, con su rica historia y dinámico tejido urbano, guarda en su memoria lugares emblemáticos que, aunque ya no existen, dejaron una profunda huella en la identidad de la ciudad. En esta sección recuperamos la historia y el legado arquitectónico de aquellos espacios que formaron parte de su paisaje. En esta ocasión, recordamos el valor y el impacto en nuestra cultura y urbanismo que tuvo el Penicilino.

Fundado en 1872 por Lorenzo Bernal, el Penicilino fue mucho más que un bar: se convirtió en un emblema cultural y social de Valladolid, conocido por su icónico licor, el penicilino, acompañado de las tradicionales ‘zapatillas’ de Portillo. Este local, ubicado en los bajos de un edificio de la plaza de la Libertad, junto a la Catedral, no solo ofrecía un espacio de encuentro, sino que también albergaba exposiciones y eventos culturales, integrándose en la vida artística de la ciudad.
El diseño arquitectónico del Penicilino destacaba por su interior en madera, con una barra en forma de L que estructuraba el espacio. Sus estanterías y suelo de madera reflejaban una estética cálida y acogedora, mientras su terraza añadía dinamismo a la plaza, reforzando la conexión entre arquitectura, función y entorno urbano.
A lo largo de sus casi 150 años de historia, el local cambió de manos y nombres, pero siempre mantuvo su esencia. Fue protegido en el Plan General de Urbanismo de 1983 como bar emblemático, aunque perdió esta categoría en los sucesivos planes de 1996 y 2004. Finalmente, en 2021, el edificio que albergaba al Penicilino fue demolido parcialmente para dar paso a un moderno edificio, que sin embargo conserva restaurada la fachada original.
El Penicilino no sólo es recordado por su carácter gastronómico y cultural, sino también como ejemplo de cómo la arquitectura de un espacio puede trascender su función y convertirse en un símbolo para la ciudad. Su historia es un recordatorio de la importancia de preservar el patrimonio arquitectónico como testimonio de la identidad colectiva.